Antes de comenzar con la dieta de Edwood Joel, acostumbraba un par de noches a la semana sentarme con él en el piso de la cocina para comer galletas con leche. Le enseñé a mojarlas en la leche para luego comerlas pedacito a pedacito. Edwood Joel no hablaba aún, pero entendió muy bien lo que tenía que hacer.
Cuando tuvimos que comenzar con la dieta libre de glutén y caseína (lea aquí también), las noches de galletas con leche tuvieron que acabar. Puede parecer tonto, pero me entristece recordar esos momentos en los que yo sabía que tenía una conexión con EJ aunque él no lo expresara verbalmente y tampoco con su mirada. Pero yo sabía que confiaba en mí, su padre, y que valoraba lo que le estaba enseñando. A causa de su condición, perdí esos momentos.
Por supuesto, ahora sé que no había razón para detener la práctica ya que existen galletas libres de glutén y leche libre de caseína, pero en aquellos días apenas sabíamos en dónde conseguirlas. La leche de almendras y nueces la descubrimos después de un tiempo.
Eso fue antes de que él cumpliera sus tres añitos. Ahora tiene 4 años y medio y es un niño totalmente diferente. Está recuperando el tiempo que su condición de autismo le robó. La mejoría ha sido gracias a muchas cosas que hemos mencionado en este blog, siendo la dieta lo primero que intentamos y lo primero que funcionó. Por eso aún persistimos en ella y le recomendamos lo mismo a todos.
Casi dos años después, hemos ganado mucho, muchísimo terreno y ahora comparto con mi hijo de muchas maneras diferentes: hablo con él de muchas cosas; respondo sus muchas preguntas; inventamos juegos e historias con sus carritos y tractores, vemos televisión juntos y nos gusta la misma música.
Todos sacrificamos mucho por el bien de nuestros hijos. Sacrificamos tiempo, nuestros trabajos, nuestro ocio, nuestro dinero, nuestras relaciones familiares y conyugales, nuestra estabilidad emocional y salud. Comparado con todo eso, las galletitas con leche parecen poca cosa, peros son esas “cosillas” las que van acumulándose poco a poco, aumentando la carga sobre nuestros espíritus. Esas “cosillas” son pedacitos de “normalidad” que van desapareciendo de nuestras vidas según aprendemos a luchar contra el autismo.
Puedo decir que la “pérdida” de las galletitas con leche fue una de las primeras heridas profundas que recibí en esta batalla por la calidad de vida de mi hijo. Aunque nos sentimos victoriosos, de vez en cuando esas heridas vuelven a sentirse.